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Bodega Clos Apalta




Veinticuatro vigas curvas de madera, que simbolizan el período de maduración del vino y que surgen desde la tierra y se levantan a distintas alturas formando una media elipse, distinguen la nueva bodega de la Viña Casa Lapostolle para su vino icono Clos Apalta.


La idea de construir una bodega cuyo diseño y construcción se igualara en categoría al vino -que alcanzó 95 puntos en la revista Wine Spectator-, surgió de la misma dueña de la viña, Alexandra Marnier Lapostolle. Fue ella quien en 2001 solicitó al arquitecto chileno residente en París, Roberto Benavente, hacerse cargo de este proyecto, que además incluía el diseño de una casa de degustación y cuatro cabañas para visitas. A comienzos de 2006 Casa Lapostolle inauguró la Bodega Clos Apalta en el valle de Apalta, Colchagua. Allí se producirá solamente Clos Apalta, el vino ícono de Casa Lapostolle, que desde su primera cosecha en 1997- con la asesoría del enólogo francés Michel Rolland- ha sido reconocido mundialmente por su extraordinaria calidad.


Sus 4.600 m2 de edificación nacieron y se desarrollaron bajo el propósito de hacer una bodega 100% gravitacional, integrada como un todo al ambiente y aprovechando la climatización del subsuelo. Dos años fueron necesarios para completar su diseño final y dos años más para hacerlo realidad, con una inversión de US$ 10 Millones.



La construcción de la bodega es obra de los arquitectos Roberto Benavente, Bernd Haller y José Luis González. Concebida en cinco niveles, a 25 metros de profundidad, -tres de los cuales están enterrados en el granito de la ladera Apalta, perforados por la constructora GHG- que permitirán por gravedad realizar todo el proceso de producción: recepción, fermentación, barricas de primer año, barricas de segundo año, sala de mezclas y embotellado, eliminando la necesidad de la bomba, lo que puede afectar negativamente a los sutiles sabores de los vinos.



El lugar escogido fue en las más intrincadas laderas de Apalta, por sobre la cota de sus 140 hectáreas de viñedos; donde la inclinación no hacía posible ya más plantaciones. La gran sorpresa, un terreno con una roca madre impenetrable. Bernand Haller, el arquitecto de Amercanda que trabajó en Chile de la mano de Benavente y José Luis González, cuenta que después de cuatro meses de dinamitar el terreno extrajeron 50 toneladas de roca granítica del lugar para abrir paso a los cuatro niveles de construcción subterránea. Tan impresionante fue la roca madre con que se encontraron que hasta decidieron hacer cambios en el diseño original del edificio para poder verla cada día en toda su majestuosidad. Y fue debido a la concepción de proyecto como amigable con el ambiente y con el fin de evitar invadir lo menos posible el paisaje, que volvieron a tapar cuatro de los cinco pisos. Además, pensando en ser amigables con el ambiente, devolvieron al cerro parte de la roca extraída al recubrir con láminas de roca sus suelos y escaleras. Algo que demuestra que fue un proyecto pensado con mucho detalle, y por sobre todo, pensando a muy largo plazo.



Será en la Bodega Clos Apalta donde los 120.000 kg. de uvas desgranadas en su totalidad a mano en la sala de recepción de uvas y que provienen de los mejores cuarteles de vides de 50-80 años, plantadas con alta densidad, fermentarán en 21 cubas de madera francesa de 75hl, que corresponde al tamaño de una parcela de nuestro viñedo Apalta.



Luego bajarán por gravedad a las barricas nuevas de roble francés para su guarda en la sala de primer año cuyo techo tiene forma de cruz -recordando la constelación de la Cruz del Sur- para luego descender a las barricas de la sala de segundo año protegidas por una cúpula de delgadas láminas de raulí. En el quinto nivel se realizará el ensamblaje para luego bajar a la zona de embotellado y desde donde parte Clos Apalta para ser distribuidos en 40 países. Además, a través de una mesa en el centro de la sala de barricas de segundo año, cuya cubierta de vidrio se alza, se baja a la biblioteca de vinos donde se coleccionan muestras de todas las cosechas de Casa Lapostolle junto a los mejores vinos de otras bodegas chilenas.



Lo único que se puede observar desde el exterior de la bodega es el gran ventanal del piso 2 y sus 24 vigas de raulí curvas que simbolizan los 24 meses de elaboración de Clos Apalta. Arriba del piso dos y con vista al valle, otro simbolismo: una escultura con cuatro piedras y un reloj de sol que indicarán el paso de las cuatro estaciones del ciclo vegetal de la vid.



Sin contar la entrada principal, la bodega fue diseñada de tal manera que (de arriba hacia abajo) el piso uno sirve de patio de vendimia; allí se recibe la uva y realiza el despalillado o desgrane manual de las bayas de cada racimo. De allí, por gravedad, las uvas bajan hasta el nivel 2, donde 21 cubas de madera esperan para dar inicio a su fermentación. El vino nuevo, bajará desde allí hasta el nivel 3 donde le esperan las 400 barricas de roble francés que lo guardarán por su primer año. El nivel 4, entonces, recibe el vino para su segundo año de guarda (en otras 400 barricas). En el piso 5 se realiza el ensamblaje y en el sexto se guardarán las 50 cajas que cada año la bodega reserva para su vinoteca privada y también los vinos de los amigos. Cada piso fue diseñado para mostrar el vino con dignidad, sin dar cuenta de toda la maquinaria y tuberías que lo conducen de un nivel a otro y también escondiendo toda la más alta tecnología que hay detrás.


Por otro lado, la Bodega Clos Aplata cuenta con un hotel boutique de máximo lujo, el que incluso ha sido destacado por importantes revistas especializadas del mundo. El alojamiento incluye poder disfrutar de su fabulosa piscina, un espejo sin fin hacia el valle y con agua temperada según la época del año.




Fuentes: wineplus.cl, lapostolle.com, winetourschile.com
Fotos: lapostolle.com, tewligan panoramico.com, barqo.cl

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